sábado, 25 de mayo de 2013

Estimado señor Rajoy


He de decir que si leyera esto, me haría sentir menos insignificante de lo que me siento como ciudadana, empero, no hablo por mí.

Cuando pretendía su actual mandato, vivíamos tiempos duros, y sus promesas de mejora lo llevaron a la presidencia. ¿Cuántas de esas promesas hemos visto cumplidas? Usted, que se jactaba de haber nacionalizado un banco a pesar de ser de un partido de derechas, ha vivido más manifestaciones de lo que yo, tan joven, puedo recordar que haya vivido ningún otro presidente español.

Puede que me equivoque, pero la situación económica y social que vivimos habla por sí sola. Sabemos que hay que tener paciencia, que esta crisis mundial (que España concretamente parece estar atravesando con especial desasosiego) no terminará de un día para otro; no obstante, sus métodos no son lo más útil y práctico para paliar la situación: recomendar el rezo a los parados, comparar los escraches con el nazismo, insinuar que manifestarse en la puerta del Congreso era un golpe de Estado…

Ah, claro, y la subida de impuestos que tanto criticaron al partido socialista. En la Constitución (sí, aquella que era muy difícil de modificar para ciertos asuntos, y acabaron alterando cuando interesó) queda bien reflejado que todos tenemos derecho a una casa. Dígame: ¿por qué hay casas sin gente y gente sin casa? ¿Por qué apartan de su hogar a una familia, cuando solo le queda un año para terminar de pagar la hipoteca? ¿Por qué la luz tiene un impuesto del valor añadido del 21% cuando es un derecho?

Aun así, no le echo toda la culpa directa, no. Una de las mayores decepciones ha sido el señor ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que también debió de convencerle de que la justicia es un privilegio. Sin embargo, lo peor de todo ha sido modificar la Sanidad y la Educación. Con un sistema sanitario envidiable para los países más ricos y desarrollados, Alemania, Estados Unidos… Se inicia el modelo de copago en ciertas provincias. Por su parte, el nivel educativo español no era para nada envidiable, pero precisamente porque cada presidente ha impedido que el sistema anterior se asentase del todo.

Dígame porque, con la que está cayéndole encima, se habrá dado cuenta de algo: ¿cree ahora que está preparado para sacarnos adelante? Si es así, hágalo ya, y si no, deje de intentar convencernos, no servirá. España se lo pide: deje la vacante presidencial a alguien verdaderamente preparado.

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