Todos los males quedaron relegados para ella. Aquellas cosas por las que parecía que iba a estar triste para siempre, de repente, no tenían importancia. Solo tuvo que reconocer que le hice daño, que fui un absoluto cabronazo sin escrúpulos que le escupió con asco en la cara cuando ella pidió explicaciones.
Y eso que yo…
Yo era muy especial. Pensaba que la gente tendría que dejar los prejuicios a un lado al conocerme, porque de alguien tan inteligente e interesante como yo, con tanto potencial, no se espera esta apariencia. El fuerte; el que cambiaría el mundo; el que siempre sabe todo; cometí el error de confiar en una tipa a quien veía como a mí, confiar de verdad, y acabé deseando su muerte.
Inútiles que malgastan oxígeno. Ellos, ¡ELLOS, son quienes deberían darse cuenta de que se equivocan conmigo! ¿Por qué no lo vi?
Al final de un largo tiempo de cávilas, ahora pienso que pude volverme loco (¿al escupirle o al confiar en ella?), aunque fuera una ignorante sin mérito para conocerme. Perdí lo que creía que era, precisamente tratando de demostrarle cuánto era.
Ella me hizo perderme (¿o tal vez nunca lo tuve?). Pero no le permitiré ganar.
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