Hace unos días, tras un breve lapso de tiempo sin interés sobre lo que se comentaba en las redes sociales, me propuse acampar, aunque fuese sola, en la puerta de mi ayuntamiento. Ayer se volvió a tomar la calle, como aquel simbólico 15M, el cual, pobrecito, acabó en coma por el afán de protagonismo de algunos y de las ridículas pretensiones de otros; el día que inauguró la utópica revolución que necesitaba, y cada vez necesita más, este país.
En estos dos años, entre el 15M de 2011 y ayer, 12M, se han puesto de moda expresiones como "prima de riesgo" (no me entretengo con más), para hacernos olvidar que esta no es una crisis económica de la que tengamos culpa los ciudadanos, o que vaya a solucionarse sola, cuando el tiempo quiera. Es así de fácil: me hacen pensar que tengo que estar enterado del estado de la famosa prima de riesgo, cuando lo que he de hacer es apagar la televisión y reunirme con aquellos afectados como yo, aportando ideas, buscando soluciones.
Lo sé, no es poco ni sencillo. Pero es algo, lo que necesita la sociedad: consenso. Por algo lo llamamos "democracia", no dejemos que otros nos hagan olvidar ese nombre.
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