Llego tarde otra vez. Oh, ahí están Matilde y Sabrina, a ver si me saludan. Mmm... no. Parece que no se han dado cuenta de que soy yo. Bueno, ahora, por las escaleras me verán y dirán "¡hola!". Uy, pues tampoco. Creo que esta mañana sólo tienen ganas de hablar entre ellas.
Cuando entremos a clase, los demás pensarán que venimos juntas, pero no. La que llega tarde soy yo, ellas sólo estaban comprando fotocopias; además, vienen en autobús.
Sabrina abre la puerta y entra; Matilde la sigue, pero... no puede ser. ¿Por qué cierra la puerta si sabe que yo también voy a entrar? No lo entiendo.
Normalmente, Sabrina me habla en clase, poquito o incluso podría decir que muy poco o casi nunca, pero me habla y es simpática. Pero es que no sé qué le pasa a Matilde conmigo después de las vacaciones. Sinceramente, no creo que trate mal a ninguna de las dos.
Después de mi reflexión, paro la puerta con la mano derecha y, sin querer, le hago daño a Matilde con la puerta: "¡Ay, Cristina!" - "Lo siento, perdón". Cada una de nosotras se dirige a su sitio.
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