martes, 31 de agosto de 2010

Algún día de diciembre

Sí, hoy de nuevo hay algo que me duele y necesito sacar de dentro.
La historia más alucinante que podría haber vivido desapareció, no como si no hubiera existido, sino como si se hubiese producido lo contrario. En la vida, en todo el universo, no hay más que causa y efecto; por desgracia, sin saberlo, yo no tenía bien asumida esa lección, y no acabo de afrontar mi pasado. Un año y medio sintiéndome desgraciada, ¿para qué? Como consecuencia me he vuelto lo contrario de lo que pretendo.
Fríamente puedo decir que no soy una desgraciada, que nada me hace daño, que puedo con todo, pero a la práctica…
Con todo, yendo más allá, ¿qué más pretendes? Ya está, todo terminó; alguien débil como yo era incapaz de ser aguantada por un filósofo… Pero ¿por qué no ponemos ambos un punto final?
Sumisión es una palabra aguda, en todos los sentidos. No me duelas más, no te acentúes. Déjame que aprenda de una maldita vez, a pesar de ti.

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